Carmina y Esmeralda, caperuzas rojas

 A Carmina y  Esmeralda, las unía un gran secreto de la infancia.
Una tarde de verano, como cualquier día, sentadas en el pasto, con la brisa suave y áspera, propia de la época. Se encomendaron al dolor que a partir de ahí las uniría ; por un lado el silencio y por el otro el deseo del cambio. La que lo consiguiera primero debía volver a soltarlo en los mismos áridos vientos de verano en la ciudad de Azul , donde el calor es más fuerte y el frió mas intenso en Buenos Aires.
continuamos, hasta mañana, saludos cordiales, Noelia.



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